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Dios ha creado numerosas plantas que brotan de la faz de la tierra, el hombre prudente no las desprecia
Sirácides, capítulo 7

La razón no es la única fuente de conocimiento

El gran marco general que encuadra y sostiene este trabajo, es haber experimentado en forma personal, que la razón no es la única fuente de conocimiento. La posibilidad de tener acceso a estados modificados de conciencia nos puede dar la prueba irrefutable que la razón tiene un límite y la vida se expande y continua muy por encima de estos límites.

El antiguo paradigma científico proponía a la razón humana como la única fuente del conocimiento. De esta manera cualquier manifestación de experiencias espirituales, estados místicos de consciencia, el Shamanismo y rituales ancestrales relacionados con el mundo natural, eran considerados obsoletos y anticientíficos.

La humanidad está entrando en una nueva etapa, la aceptación del nuevo paradigma y la psicología transpersonal nos lleva a reexaminar el legado cultural que nos dan las plantas y rituales consideradas sagradas por muchas culturas ancestrales alrededor del mundo y encontrar una fuente valiosísima de investigación.

El subóptimo estado despierto

En el transcurso de nuestra vida cotidiana, asumimos que el estado de conciencia normal en el que nos encontramos, es decir nuestro estado “despierto” en el que somos conscientes de todo lo que estamos haciendo y de lo que tenemos que hacer dentro de una hora, es un estado óptimo y total de conciencia.

Lamentablemente, este estado dominado casi en su totalidad por la razón, es un estado severamente subóptimo, donde la conciencia se encuentra dirigida y orientada hacia el exterior en la mayoría de la veces.

En nuestro estado “normal” nos encontramos atrapados dentro de un diálogo interior constante el cual crea una continua alteración de nuestras percepciones. Vivimos como prisioneros de nuestras propias mentes dentro de un sueño colectivo de conciencia ilusoria.

Experiencias pico y prácticas contemplativas

Existen diversos estados de conciencia considerados estados elevados, a los cuales se puede acceder mediante diversas maneras. Una de ellas es emprender conscientemente y con dedicación el camino de prácticas contemplativas brindadas por la rica tradición oriental, tales como la meditación zen, el yoga, la meditación Vipássana y muchos medios respetables que nos inducen a un constante debilitamiento del diálogo interior.

La experimentación de un psicotrópico de manera controlada y dirigida, dentro de un marco ritual de respeto sagrado, se convierte en una alternativa muy poderosa para tener acceso “temporal” a estados elevados de conciencia. Estos estados son considerados “experiencias pico” por su carácter temporal mientras que los estados alcanzados mediante la ardua práctica contemplativa son considerados “experiencias de meseta”.

La pregunta es ¿por qué emprender una experiencia pico si tiene un carácter temporal?

La respuesta es que la experiencia vivencial no tiene paralelo con el concepto racional de la experiencia en sí. El entenderla racionalmente no puede ser comparada con la experimentación del estado elevado de conciencia, pero una vez experimentado, puede ser usado conscientemente como una fuente de inspiración y una guía para dirigir nuestra propia vida por rumbos más benéficos.

Tal como lo explica el siguiente pasaje, “Es como un alpinista en la montaña, perdido en la niebla y sin poder ver el pico que se ha propuesto escalar. De repente la niebla se aclara y tiene la experiencia de ver la realidad del pico, y aumenta su sentido de dirección. Aunque la niebla vuelva a aparecer nuevamente y siga siendo una larga y dura subida, la experiencia de la claridad se convierte en una enorme ayuda y le infunde coraje.” (“MDMA: La penicilina del alma”, Diego Palma. Publicado en Internet: http://www.ayahuasca-wasi.com/espanol/mdma.htm)

Es importante entender que una sola experiencia pico, sin importar que tan profunda y poderosa haya resultado, no es suficiente para cambiar hábitos psicológicos condicionados durante años, por lo que el cultivo de una disciplina de carácter contemplativo es un camino que se debe emprender de forma paralela para poder progresar hacia un estado más elevado de conciencia, brindando una base que refuerce y sostenga su camino.

Una nueva vía de conocimiento

El Ayahuasca además de ser un método de limpieza interior es también una puerta de acceso a estados modificados de consciencia, el cual nos permite acceder a realidades que resultan ocultas en las circunstancias ordinarias y sólo observables durante la experiencia.

Entonces puede ocurrir que se experimente un proceso de disolución de lo que consideramos nuestro concepto de “yo”. El pasado y todos los recuerdos se pueden experimentar claramente pero ya no nos representan. Nuestra vida y todo lo que usualmente nos identifica pierde valor, son inexistentes en sustancia, se produce un cortocircuito en la concepción de la realidad basada en la razón lógica y nos encontramos enfrentados visceralmente frente a una realidad no-dual.

El mundo se percibe desde otra dimensión, la vida pasada ya no tiene significado real y el futuro se vivencia totalmente inexistente. Esto puede ser atemorizante en un inicio y el sujeto puede retroceder ante esta experiencia. Si se logra mantener la ecuanimidad en este estado se accede a un entendimiento extático de la realidad. Todos los conceptos y las limitaciones de la razón son vistos y entendidos bajo otro nivel de percepción. Entendemos bañados en una sensación de auto-compasión el por qué no podemos acceder a ese entendimiento visceral limitado por las palabras y la razón lógica.

Tal vez las preguntas más planteadas durante la experiencia sea ¿Quién soy yo?, ¿qué soy yo?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿a dónde voy?, ¿qué es la vida?. El amor compasivo, la entrega, el amor, la belleza, la vida, son respuestas que ahora vuelven a ser simples conceptos poéticos, mentales y tremendamente limitados.

Richard Marsh dirá de esas experiencias que “permiten a uno habitar el mundo real, el mundo de los hechos, en lugar del mundo irreal y vacío de la abstracción prefabricada, lo que le permite experimentar el mundo en lugar de contentarse con pensar en él, y de ahí, tal vez comenzar por fin a vivirlo.” (“Mandala”, R. P. Marsh. Belfond, 1969)

De esta manera, el uso controlado y enmarcado dentro de un ritual de respeto de plantas psicotrópicas nos demuestra cómo la dimensión de lo sagrado se manifiesta a través de medios físicos que la naturaleza pone a nuestra disposición, logrando una comunicación con nuestro plano espiritual y con el cosmos sin intermediarios.

El Ayahuasca nos conecta de alguna manera con esta memoria ancestral colectiva la cual se manifiesta no como un descubrimiento de algo nuevo o ajeno, sino que por el contrario, nos permite recordar nuevamente lo que alguna vez fue olvidado, penetrando a niveles de realidad cada vez más profundos hasta llegar finalmente al encuentro con la unidad, la conciencia total.

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