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Cuando se viaja por la selva amazónica, el territorio se reconoce como vivo, repleto de flora y fauna, desde animales grandes hasta millones de insectos en una constante vibración dentro de un clima bastante húmedo. Uno se siente como en un caldo de cultivo de todo tipo de microseres en un afán de devorar nuestro cuerpo sin respetar el hecho de que no lo hayamos abandonado aún.

Sorprende al viajero ver la eminente falta de servicios de salud, hospitales o postas médicas en general. Cuando un poblador enferma, su primera opción consiste en acudir a la medicina tradicional autóctona. Existen una serie de hueseros, sobadores, purgueros, hierbateros, parteras, curanderos y maestros expertos en el uso de la medicina tradicional, los cuales cuentan con las ventajas de utilizar la riqueza herborística que los rodea, el bajo costo de sus servicios y la eficacia empírica de sus tratamientos.

Únicamente cuando ven agotadas las posibilidades ofrecidas por su sistema de sanación autóctono, acuden al médico o al centro de salud más cercano. Ello significa claramente que “la medicina tradicional ha sido y es todavía el primer sistema de salud operacional en la selva Peruana.” (“Cuidado Tradicional de la salud en San Martín”, Artículo sin publicar, Dr. Jacques M. Mabit. Diciembre, 1993)

LA INTIMIDAD HOMBRE – NATURALEZA

El sistema curanderil se constituyó gracias a la intimidad alcanzada con el medio selvático. El hombre en la amazonía se vio impulsado a entablar una estrecha comunión con el entorno natural para poder sobrevivir. Dentro de su visión, las plantas no sólo constituyen una importante fuente de alimentación sino que constituyen una base para su curación y una fuente de sabiduría.

Según la cosmovisión indígena existe un mundo poblado de seres vivos, generalmente invisibles bajo condiciones normales, con los cuales se puede tener intercambios y relaciones que favorezcan la salud y la protección del individuo y su comunidad.

Debemos tener claro que para el indígena el concepto de salud no solo abarca la salud del cuerpo físico sino que implica la armonía con el entorno, es decir, el tener buena salud implica también tener suerte, mantener bien el hogar, el desempeño, etc. Así, el sistema curanderil abarca no solo la curación de enfermedades sino que va mucho más allá, buscando la protección de un negocio, mejorar la pesca y la cacería, la producción agrícola, tener suerte, la adivinación, seducir a la pareja mediante pócimas o “pusangas” (Brebaje mágico preparado por los curanderos cuya finalidad es atraer o atrapar el amor de una persona.), estar protegido con “arcanas” y por supuesto, del otro lado encontramos las temidas prácticas de brujería con las que se busca hacer daño “virote” (Especie de dardo o espina invisible que el curandero brujo lanza al cuerpo de la persona a quien quiere dañar para que caiga enferma.) a un enemigo.

La cosmovisión indígena concibe un universo totalmente animado y lleno de significado, más allá de lo que captamos visualmente. Todo está vivo, todo tiene espíritu. Una piedra tiene vida, vibra y siente. Las plantas tienen un espíritu “madre” en conjunto que las anima, igual que los cerros y las “cochas”; igual que los fenómenos, el rayo y la lluvia.

Todos los elementos están vinculados y en interrelación íntima. Todos forman parte de una realidad dinámica a la cual se puede acceder a través de ciertos mecanismos desarrollados a lo largo de siglos de conocimiento que permiten “hablar” con sus espíritus. Un objeto mantiene una energía determinada según quién y para qué se utilizó y puede ser “cargado” con una energía para un fin determinado.

La medicina occidental basada en una aproximación científica “objetiva” no puede incorporar ni entender el diálogo existente entre el hombre y las plantas. Sin embargo, éste ha sido la respuesta unánime reportada como la fuente del saber médico por parte de todos los curanderos en todas las etnías y comunidades amazónicas.

Las tribus de la amazonía lograron entablar el acceso a la “memoria de las plantas” para de esta manera lograr aprender directamente de ellas sus propiedades medicinales y cómo debían ser empleadas.

De esta manera logran evitar el larguísimo procedimiento de prueba y error, accediendo directamente a la sabiduría de las plantas a las que llaman “plantas maestras”.

Como ejemplo tomemos el caso del “curare”. Si un indígena dispara un dardo a un mono en las ramas altas de un árbol, éste antes de morir enrollará su cola en una rama y morirá arriba, sin caer al suelo. Los indígenas utilizan para su cacería dardos envenenados con curare. El curare relaja y paraliza los músculos del animal el cual se precipita a tierra.

Para fabricar el curare hay que combinar varias plantas y cocinarlas en agua durante 72 horas, evitando respirar los vapores perfumados, los cuales son mortales. El producto de esta cocción es una pasta concentrada que se activa solamente por vía subcutánea: si se ingiere o se extiende sobre la piel, sus efectos son benignos. Es difícil entender como alguien podría haber encontrado una receta tan complicada experimentando al azar, especialmente considerando que existen en la Amazonía más de 80 mil especies de plantas. (El antropólogo Jeremy Narby, autor de “La Serpiente Cósmica: El ADN y el origen del saber” desarrolló una interesante hipótesis donde propone que el ADN podría ser el conducto para esta transmisión de conocimiento a nivel de una suerte de conciencia molecular.)

El camino iniciático

El representante de esta comunión hombre – naturaleza es reconocido como curandero, shamán, maestro ayahuasquero, purguero y reverenciado como un “Onaya” que quiere decir “hombre de conocimiento”.

Esta persona especial es no solo el representante de la salud dentro de su comunidad sino que concentra todo el aspecto religioso y mítico, ubicándose como un intermediario entre el hombre y los espíritus sagrados de la naturaleza, interpretando sus deseos, actuando como negociador e intermediario con las entidades o fuerzas agredidas u ofendidas, negociando con ellos, guiando los destinos de la comunidad. Asimismo su función abarca el papel de iniciador, guiando los ritos de iniciación de los jóvenes a adultos o guiando el espíritu de quien muere al otro mundo.

El camino para convertirse en curandero es bastante difícil y complejo. A veces uno opta por recorrerlo y a veces el destino empuja al candidato a convertirse muchas veces contra su voluntad.

Existen cuatro maneras básicas de entrar en el camino iniciático:

  • En la primera forma de iniciación observamos que dentro de la comunidad indígena es común que desde la edad temprana, alguna persona demuestre tener ciertos dotes o capacidades especiales innatas para tratar con el “otro mundo”. El shamán de la comunidad por lo general detecta esas aptitudes en el joven y lo invita a convertirse en su aprendiz.
  • La segunda manera se adopta por herencia familiar. El hijo, sobrino o nieto del curandero es por tradición invitado a seguir el camino iniciático.
  • La tercera vía de iniciación es la más común en toda la amazonía. Dentro de un proceso de curación intensivo mediante plantas y dietas estrictas a causa de una grave enfermedad, el paciente -quien normalmente pasa por un proceso fuerte que casi lo conduce a la muerte- es visitado por los espíritus de las plantas durante sueños o visiones, los cuales lo invitan a seguir el camino iniciático y servir a su comunidad. Este es un proceso muy intenso donde el paciente pasa por una batalla cercana a la locura.
  • La cuarta vía de iniciación es una categoría nueva resultante del contacto con la civilización occidental donde “buscadores” occidentales viajan en busca de maestros indígenas para ser iniciados en el proceso de conexión con la naturaleza y el mundo espiritual. Es común ver psicólogos y antropólogos buscando adentrarse en terrenos nuevos donde la formación académica aún se topa con una frontera limitada por el cocimiento racional.

La base para el desarrollo del conocimiento de las plantas es el sometimiento a lo que los curanderos llaman “dietar”. Este es el camino iniciático que emprenden los curanderos y aprendices los cuales mediante dietas rigurosas logran entablar comunicación con los espíritus de las plantas y así acceder a sus conocimientos curanderiles. En sueños, se presentan las “madres” de las plantas a enseñar al curandero que las está dietando, le enseñan los icaros (El icaro es el canto o melodía utilizada por el curandero en sus rituales y representa el símbolo de su poder.) que invocan sus espíritus y diversas combinaciones curativas, la manera de prepararlas y tomarlas para curar distintos males.

Durante estos sueños, inducidos mediante la dieta estricta y las “plantas maestras”, el curandero logra comunicarse con las energías, espíritus o genios que animan la naturaleza. Son entonces las plantas o mejor dicho el “espíritu” o “madre” de las plantas la que enseña directamente al iniciado al establecer un lenguaje comprensible con la naturaleza manifestado durante los sueños y visiones.

En las palabras de Don Guillermo Ojanama, Onaya del pueblo de Chazuta:
La planta te enseña si es que te encariñas con ella. Hay que quererla y tal vez ella también te va a querer. Entonces cuando la vas a tomar, cuando este en tu cuerpo, su ‘madre’ te va a conversar. No vayas a tener miedo. Se te van a acercar sus genios y te hablarán, así nomás como yo te hablo.” (“El Shamanismo y el hombre contemporáneo”, Artículo sin publicar, Dr. Jacques M. Mabit.)

Para los Shipibos, las plantas psicotrópicas son conocidas como “murayacai“, que significa “hacedoras de shamanes”. Según ellos, estas plantas nos revelan el mundo “verdadero”, mientras que el mundo “normal” es considerado ilusorio.

El camino iniciático implica construir un puente hacia lo transpersonal, logrando traspasar los estados ordinarios de la conciencia y experimentar otras dimensiones en las que los límites de la comunicación, tiempo y espacio se disuelven, empujándonos a replantear las leyes con las que pretendemos manejar nuestras vidas.

La dieta

La dieta es uno de los conceptos más difíciles de entender y practicar dentro del mundo iniciático de los pueblos amazónicos, pero es a su vez, el eje principal sobre el cual se construye el esquema tradicional del aprendizaje iniciático.

Para llegar a ser curandero u hombre de conocimiento, la dieta es la primera gran prueba que tiene que pasar el principiante para ver si es capaz de continuar ese camino y manejar energías muy sutiles y peligrosas.

La dieta implica mucho más que abstenerse de consumir determinadas sustancias o no hacer determinadas actividades en el plano físico. Es un estado de purificación, de retiro, de reflexión, de meditación, de compromiso, de respeto, de conexión con todo lo que nos rodea, y al decir todo decimos TODO.

No solo se limita o está contenida en el plano físico, sino que por el contrario, su principal actividad y medio a través del cual se transfiere el conocimiento es mediante los sueños. Y es en los sueños justamente donde se debe tener más cuidado de no comer o hacer lo indebido, porque en el mundo de la dieta es tan real el sueño como la realidad.

Es también un maravilloso mecanismo que ayuda a tomar conciencia dentro del mundo inconsciente, aceptando la responsabilidad de llevar las propias abstenciones hasta los sueños, preparando el camino para los “sueños de conocimiento”.

Las dietas se llevan a cabo mediante un aislamiento riguroso de hasta tres meses en la selva en compañía del shamán en donde se ingieren las plantas maestras y otros “palos” (Brebajes medicinales que utilizan la parte del tronco o tallo de ciertas plantas curativas.) siguiendo una preparación que incluye el evitar el contacto con otras personas, los olores fuertes, la exposición directa al fuego, la lluvia o el sol y la completa abstinencia sexual (“dietar mujer”).

Durante la dieta uno debe abstenerse de comer sal, azúcar, grasa, carnes rojas, bebidas heladas, ají, alcohol y de tener actividad sexual. La comida tradicional se basa principalmente en plátano verde sancochado (“inguiri”), yuca, arroz y algunas variedades de pescado y aves.

Cuando se toman plantas que tienen una dieta muy rigurosa, no cumplir la dieta o “quebrarla”, como se dice comúnmente, puede causar el efecto contrario al beneficio que se quiere obtener y en algunos casos hasta la muerte. Por eso es muy importante tomar las plantas con mucha seriedad y usarlas en su contexto y con personas realmente capacitadas.

El cuerpo como instrumento de curación

El shamán considera que el pensamiento, las emociones y la fuerza de su energía y poder está localizada en su cuerpo, en una suerte de conciencia materializada y encarnada. El cuerpo es el instrumento a través del cual se manifiesta su poder entrando en sintonía con otros seres y espacios inmateriales.

Con la preparación de su cuerpo, el shamán consigue la comunicación con las fuerzas de la naturaleza y las plantas (los aliados) y luego utiliza este instrumento para curar a sus pacientes estabilizando y armonizando las energías de sus cuerpos.

Durante las dietas generalmente los espíritus de la naturaleza y de las plantas indican al aspirante la misión y el alcance de sus poderes. Así, vemos a curanderos que se dedican a un tipo de terapia específica la cual ha sido así indicada por los espíritus. Vemos shamanes que únicamente se dedican a curar mordeduras de serpientes, otros que están autorizados para únicamente curar niños, otros que solo atienden mujeres y así sucesivamente.

También existen muchos shamanes en la selva que son considerados “maleros” o brujos, los cuales se ponen a favor de espíritus malignos que logran seducirlos al brindarles un gran poder basado en el manejo de energías a través del “daño”, encerrándolos en una suerte de constantes batallas y combates vengativos.

PLANTAS MAESTRAS

Dentro de las plantas utilizadas para la iniciación destacan las consideradas “plantas maestras”, las cuales son particularmente de dos tipos. Las de carácter psicoactivo, que nos inducen directamente a estados modificados de conciencia enseñando a través de sus visiones, como el tomapende (Brugmancia sp.) o el Ayahuasca (Banisteriopsis caapi).

Las otras plantas maestras no poseen componentes psicoactivos pero se manifiestan intensamente durante los sueños, como la Ushpawasha Sanango , el Chiric Sanango , etc.

Plantas Maestras de la Amazonía

AJO SACHA(MACHO) PseudocalymmaAlliaceumMansoa stendleyi Antirreumática, Artritis, Analgésico Para la cacería (sensibilidad y alerta), Auto conciencia, seguridad, energía, limpieza y protección.

AYAHUASCA Banisteriopsis caapi Purgativa (psicoactiva) Acceso transpersonal, para ver. (psicoactiva)

BOBINZANA Calliandra angustifolia Antirreumática, Resfriados, Post-natal, tónico, Purificador de la sangre Para mantenerse centrado en el nivel espiritual.Para personas confundidas.

Chacruna Psychotria viridis Colorea las visiones Aditivo del Ayahuasca para tener visiones.

CHIRIC SANANGO Brumfelsia grandiflora Antirreumática, Artritis, Quita el frío Suerte en el hogar.Quita el frío del corazón.Conexión con el yo interior. Vuelve sensible y reflexivo.
El Chiric Sanango es una planta maestra de la familia de los Sanangos, la cual deriva de la palabra quechua “chiric” que significa “frío”. Entre los curanderos es conocida como la planta maestra que “quita el frío”, utilizada en el plano físico para curar aquellos cuerpos friolentos, que sufren de manos y pies fríos, poca circulación y cuerpo entumecido. En el plano psicológico es una planta que sirve para curar el “frío del corazón” manifestándose durante la noche en sueños de alto nivel compasivo.

MUCURA MACHO Petiveria sp. Relajante, diurético, Abortivo, malos espíritus, miedo/ memoria Enseña a curar y da protección.

TABACO Nicotiana tabacum regula la energía, purgativa, migraña, repelente. Para protección y aprender cómo curar. Da sabiduría.

TOE (TOMAPENDE) Brugmansia suaveolens Ulceras, abscesos, Infecciones, tumores(psicoactiva) Cura de cosas fuertes, males óseos.Para ver el futuro y aprender medicina.

UCHO SANANGO Bonafousia undulata Planta maestra restaurativa para adquirir poder físico y psíquico Confronta con miedos internos. Abre obstrucciones internas y conflictos.

USHPAWASHA SANANGO Abre la memoria afectiva, familia, infancia. Reconexión con el nivel emocional.
La Ushpawasha Sanango es conocida entre los curanderos por ser la planta maestra de la memoria del corazón. Ésta se manifiesta durante la noche brindando a quien la está dietando, recuerdos de vivencias de alta importancia afectiva los cuales ya se habían olvidado. Estos son experimentados con una gran carga emocional. Muchas veces el sujeto despierta llorando durante la noche.

Uso de sustancias psicotrópicas

El uso de sustancias psicotrópicas ha sido reconocido a lo largo de los siglos en todas las culturas ancestrales y civilizaciones como el medio inicial de comunicación con lo sagrado, con el mundo espiritual sin intermediarios.

En todos los continentes encontramos vestigios de consumo de plantas psicotrópicas, llamadas así por su facultad de generar el trance, como la forma sagrada de comunicación con la divinidad particular.

Entre otros podemos nombrar el consumo del hongo psilocíbico teonanácatl por los Mazatecas mexicanos, de donde proviene la famosa shamán María Sabina, el hongo Amanita muscaria en Asia Central y Norteamérica, el yopo en Centroamérica y el Orinoco, el beleño la mandrágona y la atropa en la región mediterránea, el cannabis en la antigua Persia y opio en el extremo Oriente.

Plantas consideradas actualmente como tóxicas tuvieron un status privilegiado como plantas sagradas en muchas culturas ancestrales. El Tabaco es algunas veces denominado “carne de los Dioses” en la cultura amazónica y considerado la planta maestra por excelencia, presente en muchos rituales en el norte y sur de América. En la amazonía es común el uso del tabaco por parte de los curanderos quienes dan a beber el jugo de la planta accediendo a un estado modificado de conciencia que permite comunicarse con el espíritu madre de la planta.

En África, el Iboga es una planta psicotrópica ingerida como sacramento por las tribus Bwiti del Gabón. Igualmente, el uso sagrado del peyote (llamado Cristo Rojo) por los Huicholes de México y por el indio norteamericano en la Iglesia Nativa americana – la cual actualmente posee más de 500,000 miembros- representan el sacramento de dos ancestrales religiones contemporáneas basadas en el uso de una sustancia alucinógena.

En las andes de Sudamérica, la planta de la coca es la base de la práctica medicinal de la cultura andina, considerada como una planta maestra con capacidad adivinatoria, la cual constituye la mejor ofrenda (“pago”) a los dioses y es el símbolo de la comunicación divina. (El abuso de la cocaína como una droga estimulante constituye el resultado directo de la manipulación química de la planta ignorando su sacramentalidad.)

En los Andes peruanos a lo largo de toda la cordillera andina extendiéndose hasta el norte de Chile y Argentina tenemos vestigios que se remontan hasta las culturas pre-incas Chavín y Chimú de consumo del cactus “wachuma” conocido como San Pedro (“dueño de las llaves del cielo”) por la religión cristiana.

Dentro de las plantas maestras utilizadas en la amazonía, la más reverenciada es el Ayahuasca la cual es considerada por más de 70 diferentes etnías indígenas desde Colombia hasta Bolivia, Brasil y las Guayanas como la fuente de su increíble saber botánico y el fundamento de su medicina tradicional.

Existen curanderos que se dedican exclusivamente a curar a sus pacientes mediante el uso del Ayahuasca. Expertos en su preparación y en el manejo del trance, estos curanderos son llamados “maestros ayahuasqueros”. Ellos se refieren al Ayahuasca como “purgante” y a la sesión de toma como “purga”, atribuyéndole un poderoso efecto curativo gracias a su acción limpiadora.

Podríamos citar más de doscientos psicotrópicos utilizados en culturas ancestrales lo que demuestra, en diferentes culturas alrededor del planeta, ser la fuente de su conexión con el mundo sagrado.

LA EMINENTE DESAPARICIÓN DEL SISTEMA CURANDERIL

El contacto con la civilización occidental ha sido la causa determinante para la desaparición del sistema curanderil tradicional. Actualmente todavía persiste pero es sumamente difícil encontrar entre la juventud a nuevos herederos de esta ancestral conexión sagrada.

Los jóvenes, impactados por los adelantos modernos, la televisión y la moda, encuentran poca valoración en los métodos ancestrales de sus antepasados, considerándolos obsoletos, anticuados y superados por la medicina moderna. La conexión se está perdiendo.

Además hay que entender que el aprendizaje de estas técnicas de curación es duro y largo. El dietar por meses, el aislamiento, la abstinencia y la privación, son parte de este duro camino, el cual consideran difícil y penoso en comparación con el tomado por la medicina contemporánea dentro de un mundo moderno de vida urbana.

El desprestigio de la ancestral conexión sagrada con la naturaleza por parte de la iglesia católica ha sido durante los últimos 500 años un factor determinante de esta destrucción.

Por otro lado la destrucción del bosque mediante la extracción indiscriminada o el monocultivo, está favoreciendo la desaparición de plantas medicinales.

Nuestra civilización no sólo esta desapareciendo gran cantidad de especies animales, sino también pueblos enteros y culturas que han sobrevivido miles de años, las cuales conservan aún, maravillosos tesoros para la posteridad, si tomamos ahora las medidas necesarias.” (“La Dieta”, Artículo sin publicar de Alonso del Río – terapeuta experto en el uso del Ayahuasca, miembro de Ayahuasca-Wasi.)

El problema radica en que el antiguo paradigma científico colocaba a la razón humana como la única fuente de conocimiento. De esta manera un conocimiento considerado mágico, proveniente del consumo de plantas con carácter psicoactivo era inmediatamente condenado ya que no encajaba con la visión dominante, la cual planteaba que la naturaleza debería ser dominada por el hombre y vista como una fuente de recursos naturales en vez de ser respetada y vista como una fuente sagrada de conocimiento de la cual dependemos.

Como afirma el investigador colombiano Germán Zuluaga, “…el chamanismo y los sistemas médicos indígenas siempre han sido menospreciados o perseguidos, primero por ser considerados diabólicos, y por lo tanto peligrosamente eficaces, y ahora por ser supersticiosos, irracionales, poco científicos, y por lo tanto ineficaces.” (“El Chamanismo y los sistemas médicos indígenas de la Amazonía”, Revista Takiwasi No. 5, 1997. Centro Takiwasi, Tarapoto)

Nos encontramos pues ante el fin de una cultura ancestral amazónica la cual deja en manos de los buscadores occidentales, sociólogos, antropólogos, psicólogos y científicos empíricos el rescate de sus fuentes de conocimiento. Es preciso dejar de lado una gran cantidad de prejuicios históricos, culturales y científicos, para poder examinar con prudencia, respeto y seriedad los conocimientos del chamanismo y los sistemas médicos indígenas.

El particular momento que vive el planeta, hace que este tiempo sea muy especial, muy importante para acceder directamente a las últimas fuentes vírgenes de un conocimiento que está casi extinguido. De alguna manera, el hecho de sentir esta conexión, este llamado, nos hace a todos herederos y responsables de trabajar para la continuidad de esta tradición, de esta forma de conocimiento.

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