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Así se abren los horizontes del mañana…

LA ALTERACIÓN DE LA CONCIENCIA EN EL MUNDO MODERNO

A través de la historia el ser humano ha demostrado una conducta básica la cual se ha mantenido a través del tiempo sobreviviendo todas las culturas. Estamos hablando de la búsqueda constante de estados modificados de conciencia. Esta conducta no se presenta como un tipo de desviación, sino que por el contrario, es una conducta básica natural observable aún en los animales y necesaria para lograr una ampliación de la conciencia como medio de evolución natural.

Este comportamiento natural dentro de la especie humana es practicado constantemente por todos los seres humanos muchas veces de manera inconsciente. Esta búsqueda constante de modificar nuestras percepciones y sensaciones, es completamente natural y necesaria para la evolución por lo que no debemos sentirnos ajenos a este comportamiento y por el contrario, debemos tratar de identificarnos con él para poder entenderlo mejor.

Si echamos un vistazo sincero al mundo moderno vemos que, cotidianamente tomamos diversos medicamentos ya sea para calmarnos o estimularnos. Ingerimos medicamentos para dormir, calmantes para el dolor, diversos estimulantes ya sean químicos o naturales, tranquilizantes para calmarnos, chocolate, licores, azúcar refinada, té, cerveza, dulces, toneladas de ansiolíticos, etc.

Paralelamente, otro tipo de la alteración de la conciencia se produce de manera constante mediante el continuo aturdimiento audiovisual. Millones de personas se aturden diariamente con altas dosis de televisión, radio, teléfono, computadora, chat, palabreos constantes, basura audiovisual, propagandas, revistas, novelas, etc.

De esta manera, la señora con su novela, el esposo con sus cigarros, el hijo con su radio a todo volumen, el estudiante con su café, su vecina con sus sedantes, el alcohólico con su trago, el adicto al trabajo, el niño con su nintendo, el obeso con sus dulces, los amigos con sus cervezas, todos de alguna forma participan de manera consciente o inconsciente en un acto común: modifican su estado de conciencia alterando sus percepciones mediante la introducción de un elemento externo susceptible de cambiar su percepción del momento.

Diariamente experimentamos una alteración de nuestro estado de conciencia en forma natural cuando dormimos, durante los sueños. Lo mismo ocurre naturalmente cuando hacemos el amor, durante el orgasmo o mientras realizamos un deporte que nos lleva a mantener un esfuerzo físico cercano al límite de nuestra capacidad.

También existen una serie de prácticas tales como la meditación, la danza, Tai Chi, recitación de mantras, oración y contemplación religiosa, que nos pueden introducir en estados contemplativos alterados de consciencia.

En suma, muchas situaciones llevan al ser humano a romper su esquema mental y perceptual y a adentrarse en “mundos” en los cuales las referencias cambian totalmente, haciendo aparecer una conciencia más amplia.

Esa intensidad no se manifiesta siempre en relación a una amplificación del estímulo sino también en forma de privación, mediante la ausencia total de éste. La música modifica la conciencia tanto como el total silencio, el movimiento frenético como la perfecta inmovilidad, la saturación visual como la plena oscuridad. Dentro de la meditación Vipássana la “Adhitthana” es una técnica en la que el meditante asume el compromiso de no moverse por una hora. Esto induce un estado alterado de consciencia muy peculiar propicio para una profunda meditación.

No deja de llamar la atención que los animales no pierden ninguna oportunidad de alterar igualmente sus percepciones. Si se encuentran casualmente con algún tipo de sustancia psicoactiva, la consumen y tienden deliberadamente a volver a consumirla.

Esta conducta se registra en casi todas las especies. El ser humano descubrió ciertas plantas psicotrópicas, gracias a la observación de la conducta animal. Así es que en Abisinia se descubrió el café al constatar que las cabras se ponían muy excitadas luego de consumirlo.

Según Josep Ma. Fericgla, la piedra angular de nuestra conciencia es la gran capacidad de discriminar entre miles de estados de conciencia diferentes, de contrastarlos. “Buscamos constantemente sentir de alguna manera distintos estados de conciencia ya que de esa manera nos sentimos más estables. Si nos mantenemos en un solo estado de conciencia muy relacionado con el mundo exterior, muy abierto, por un tiempo prolongado, tenemos poca interrelación interna y eso conlleva a sentir una inestabilidad.” (“Metáforas, conciencia, ayahuasca y psicoterapia”, Dr. Josep Ma. Fericgla. Artículo publicado en Internet.)

EL USO ANCESTRAL Y CONTROLADO DE SUSTANCIAS PSICOTRÓPICAS

Si bien es cierto que en un contexto occidentalizado todos buscamos confusamente y muchas veces de forma inconsciente modificar nuestra conciencia ordinaria, en las sociedades tradicionales y culturas ancestrales los individuos demuestran una manera organizada de modificar las percepciones habituales mediante un manejo controlado de rituales y técnicas que muchas veces conllevan el uso de sustancias psicotrópicas, las cuales los llevan a explorar otros niveles de realidad sin que ello signifique ningún estado de adicción o dependencia como se ve en las sociedades modernas.

Podemos constatar que la sabiduría ancestral sabe cómo aprovechar las modificaciones inducidas de estados mentales sin perjuicio, sin daño a largo plazo. El conocimiento del Shamanismo demuestra una gran aptitud a manejar alteraciones de la conciencia en base al uso de psicotrópicos sin provocar ninguna dependencia. La drogadicción se encuentra ausente de las culturas tradicionales mientras los modificadores de la conciencia son ampliamente utilizados.

Esas plantas se usan siempre en un contexto ritual con una dimensión religiosa, mística, curativa. Son las “plantas de los dioses” (“Flesh of the Gods: The ritual use of Hallucinogens”, Peter T. Furst. Praeger, 1972) o el alimento de los dioses.

Un factor determinante que lleva a la sociedad moderna a desarrollar un temor hacia la adopción de una práctica ancestral de alteración de la conciencia que conlleve al uso responsable y controlado de una sustancia psicoactiva, es la falta de información y la automática relación con el concepto de “droga”. En nuestra sociedad moderna, el uso indiscriminado y desritualizado de diversas sustancias psicoactivas nos ha conducido a un rechazo instantáneo de cualquier sustancia que contenga un componente psicoactivo.

LAS DROGAS Y LA ADICCION

Conceptos de Droga y Adicción

En el mundo occidental existe una tremenda confusión entre los conceptos de “droga” y “adicción”. Científicamente la palabra droga se refiere a toda sustancia que tiene efectos sobre la fisiología, esto es un sinónimo de medicamento. Sin embargo, la palabra droga utilizada en un contexto popular se refiere erróneamente a una sustancia susceptible de provocar una adicción.

Dicha adicción se manifiesta en una dependencia creciente a la sustancia, la cual tiene que ser consumida en cantidades y frecuencias siempre mayores. Al no consumirla se manifiesta un síndrome de abstinencia con malestares físicos y psicológicos calmados únicamente con una nueva dosis de dicha sustancia.

Este tipo de adicción está estrechamente relacionada al consumo de sustancias como la cocaína, la pasta básica de cocaína, la morfina, heroína… pero al confundir o relacionar automáticamente el concepto droga con el de adicción, estamos confundiendo en una misma palabra -”droga”- sustancias adictivas como la pasta básica con sustancias enteógenas no adictivas como el Ayahuasca.

La sinergia de la adicción

Para producir una adicción deberá existir una sinergia de interacción de tres elementos: unasustancia, un consumidor y un contexto. Ninguna sustancia por si sola es causante de una adicción. El factor más importante se encuentra dentro del contexto en la intención del consumidor.

Sustancia – contexto
La cocaína dentro de un contexto curativo sirve como anestésico dentro de la medicina, así como la morfina es un potente sedante. El tabaco era considerada por los nativos como la principal medicina indígena.

El contexto de consumo de la marihuana entre los sacerdotes hindúes es completamente diferente al utilizado por los jóvenes de nuestros días, quienes fuman con una intención completamente lúdica y evasiva. Aun en la actualidad la marihuana está siendo probada en el tratamiento de glaucoma, el síndrome del Sida y para aliviar los efectos secundarios de la quimioterapia.

Existen además una variedad de sustancias consumidas dentro de contextos inadecuados pero toleradas por ser “drogas culturales” como el alcohol, el tabaco, el café, el azúcar refinada, los medicamentos corticoides, ansiolíticos, etc.

Lamentablemente el contexto en el que los jóvenes de nuestra sociedad se acercan al consumo de sustancias psicoactivas es, en casi su totalidad, un contexto lúdico – recreacional o evasivo. Por otro lado existen aproximaciones bajo contextos terapéuticos, religiosos y de búsqueda interior que están trayendo resultados muy alentadores a la sociedad. Así, según el contexto, una misma sustancia puede permitir al ser humano progresar en su vida o retroceder.

Sustancia – consumidor
Por otro lado el grado de toxicidad de una sustancia está estrechamente relacionada con ladosis ingerida por el consumidor. De esta manera el veneno de una avispa puede provocar reacciones tóxicas en estado puro pero en altas diluciones servir para curar a una persona de un cuadro similar a la intoxicación. Así también siendo el alcohol una droga potencial, nadie confunde el consumo religioso dentro de la misa cristiana y una bacanal borrachera en una fiesta de barrio.

Acerca del grado de toxicidad de la sustancia en si misma podemos afirmar que por ejemplo la toxicidad es alta en los opiáceos, los cuales pueden matar de un paro respiratorio por una sobredosis al igual que la cocaína por un paro cardíaco. En el caso de la marihuana y las drogas visionarias, éstas no son consideradas drogas tóxicas y no se han reportado muertes por sobredosis.

En una escala de “riesgos relativos a la adicción” se consideraron de menor a mayor grado de riesgo agrupado en cuatro grupos: LSD, psilocibina y cafeína – marihuana – Heroína y nicotina – Cocaína y anfetaminas. (“Drug policy: Striking the right balance”, A. Goldstein & H. Kalant., Science. 1990)

También dentro de la interrelación sustancia – consumidor existe una variable importante que es el grado de receptividad física del consumidor a la sustancia. La leche de vaca puede intoxicar paulatinamente a una persona carente de lactasas (características de ciertas razas) y en otros casos ser la base alimenticia de otros grupos humanos (los Masai por ejemplo).

La marihuana puede ser benigna en ciertos individuos y dar cuadros muy peligrosos de confusión e intoxicación en otros sujetos. O sea que existe un factor de susceptibilidad individual.

Físicamente existe una diferencia en el receptor. Todos somos diferentes, es decir sin mencionar las diferencias a nivel psicológico, cada uno de nosotros poseemos una constelación diferente de neuroreceptores, niveles diferentes de enzimas claves como la monoamineoxidase, diferencias grandes en cuanto al metabolismo y capacidad de asimilación digestiva. Así, hay quienes están ebrios con un trago y hay quienes soportan litros de licor.

Por otro lado tenemos el fenómeno de tolerancia determinado por la necesidad progresiva de aumentar la dosis de la droga consumida para lograr tener nuevamente el mismo grado de intensidad del efecto inicial. Este es un factor que conduce a una situación de escalada de consumo con resultados desastrosos. En este sentido cabe mencionar que en el consumo ritual del Ayahuasca, se ha observado un fenómeno de tolerancia inverso donde el curandero y el practicante habitual, necesitan dosis cada vez menores para lograr los efectos visionarios.

Entonces podemos concluir que existen múltiples factores que condicionan el fenómeno de la adicción degenerativa a una sustancia psicoactiva y caeríamos en un error al condenar toda sustancia psicoactiva sin analizar el contexto de su utilización, la toxicidad, la dosis, el grado de tolerancia, el factor de dependencia, los resultados de su utilización previa en la sociedad, etc.

Lamentablemente existen dos posturas respecto a la legalidad de las sustancias psicoactivas. Una postura está a favor de la prohibición total de cualquier sustancia que modifique la psique, tomando el riesgo de amenazar la libertad individual, desvitalizar y no reconocer las prácticas de culturas autóctonas y finalmente favorecer el tráfico de drogas.

La otra postura está a favor del levantamiento de toda restricción, desconociendo de esta manera el peligro del consumo compulsivo y no responsabilizando al individuo frente a la comunidad.

QUÉ NOS LLEVA A LA ADICCIÓN?

La pregunta clave es ¿qué motiva al ser humano a buscar el modificar su estado de consciencia mediante una sustancia psicoactiva? ¿Por qué existe una diferencia entre una persona que consume un psicotrópico en un contexto religioso, curativo o terapéutico y otra que consume en un contexto evasivo, lúdico, recreativo? ¿Por qué el primero se siente más sano y equilibrado y el otro más degenerado?

El adicto se encuentra en un medio social que parece no brindarle respuestas satisfactorias a sus inquietudes espirituales existenciales. Siente un profundo vacío interior y una falta de sentido de la propia existencia.

Al enfrentarse a un estado alterado de conciencia inducido mediante una sustancia psicoactiva, se ve sumergido en un mundo de percepciones fascinantes y al no poder dominar su atracción fundamental vuelve a consumir la droga, intentando volver a la fascinación placentera, escapando de un mundo de insatisfacción, problemas y angustias racionales, encontrándose atrapado en un contexto evasivo de lo que constituye su realidad.

Luego va perdiendo el hilo conductor de su existencia hasta que su conciencia queda atrapada en un presente continuo donde ya no existe la posibilidad de un proyecto, donde finalmente lo único que cuenta es la compulsión al consumo.

En general, las compulsiones se dan hacia las substancias con cierto potencial embrutecedor. No se sabe de comportamientos compulsivos hacia los hongos psilocíbicos, el peyote, el San Pedro o el Ayahuasca, todos psicotrópicos de carácter enteógeno.

El término enteógeno deriva de la raíz griega “theus” y significa “dios dentro de nosotros”. Es importante no utilizar la palabra “alucinógenos” cuando nos referimos al uso ancestral de un psicotrópico ya que es una palabra que ha sido cargada con un contenido negativo.

Dependiendo del contexto de su utilización y la sustancia utilizada, existen estados inducidos que nos conducen a una orientación externa de la conciencia con carácter lúdico – recreativo y otros que activan un estado en el que la mente se ve a sí misma, generando una auto representación.

Entonces para eliminar este vacío existencial que se intenta compensar con la compulsión al consumo dirigiendo la conciencia hacia fuera, el adicto debe ser capaz de auto-observarse.

La auto-observación se produce de diversas maneras mediante la inducción a estados de conciencia dirigidos hacia dentro como son los estados meditativos alcanzados en diferentes prácticas orientales, mediante la psicología analítica, el análisis de sueños, técnicas gestálticas y mediante la alteración bajo la utilización de un poderoso enteógeno o planta psicotrópica.

El testimonio de un paciente del centro de Rehabilitación Takiwasi es perfecto para entender esta posición: “La heroína altera tu percepción, te hace pensar que todo está bien. La información a la que se accede no te sirve ya que no haces nada con ella, solo está el proceso de evasión mediante la droga y autodestrucción. Con el Ayahuasca, la planta cambia tu percepción, te muestra algo que puedes utilizar en tu propia vida para ayudarte a crecer y no destruirte.” (Artículo autobiográfico publicado en Internet (actualmente retirado del servidor que lo publicó))

EL AYAHUASCA COMO TRATAMIENTO DE LA ADICCIÓN

El Ayahuasca le plantea el reto al adicto de enfrentarse a una verdadera iniciación que le permita integrar, reordenar y metabolizar su universo interior, alcanzando un sentido profundo de su propia vida.

Si entendemos que la drogadicción lleva en el fondo una aspiración a una auténtica vida espiritual, a encontrar un sentido profundo de la vida, entonces la terapia que pretenda transformarla debe tomar en consideración la dimensión espiritual pues, de lo contrario, no se estará llegando al núcleo del problema. Lamentablemente, muchas de la terapias modernas se limitan a desintoxicar el cuerpo físico y trabajan la dimensión espiritual desde fuera, operando en el plano mental.

Actualmente existen alrededor del mundo diversas terapias dirigidas a curar las adicciones contemporáneas, las cuales utilizan plantas psicotrópicas como la base de su tratamiento basado en la inducción controlada de los estados de conciencia.

  • En Argentina el Centro Ayllu dirigido por el psicólogo Sacha Domenech ha demostrado resultados muy alentadores del tratamiento de toxicomanías usando el ancestral cactus Wachuma (San Pedro).
  • El Centro Takiwasi en la ciudad de Tarapoto dirigido por el Dr. Jacques Mabit se propone tratar adictos a la pasta básica de cocaína, asociando psicología contemporánea y conocimiento shamánico amazónico, reuniendo terapeutas modernos y autóctonos en los rituales curativos del Ayahuasca.
  • En Thailandia, en el Monasterio budista de Tham Krabok, desde hace más de 30 años, los monjes-curanderos tratan a los heroinómanos. Los resultados son impresionantes (más de 70.000 casos en 30 años). (“Adicción y Shamanismo budista: el monasterio de las cuevas del Bambú”, Jacques Mabit. Revista TAKIWASI, No.2, Tarapoto 1994)

Estas terapias utilizando plantas psicotrópicas dentro de un contexto ritual controlado inducen al paciente estados alternos de conciencia que permiten la auto-exploración de su universo interior. La disolución temporal de la censura racional autoriza el acceso directo a estratos profundos del inconsciente. Esto produce el surgimiento de recuerdos reprimidos, traumas olvidados y memorias antiguas que vuelven a la superficie.

Estas plantas maestras poseen un alto nivel vibratorio produciendo un efecto catalizador, el cual permite desencadenar ciertos procesos latentes, los cuales se encontraban paralizados dentro del paciente. Al mismo tiempo el paciente experimenta un aumento en la producción onírica, produciendo sueños más frecuentes e intensos, más nítidos y de fácil recordación.

Durante el proceso el paciente experimenta estados catárticos, a veces acompañados de vómitos intensos y llantos profundos cuya función consiste en desbaratar y limpiar el nivel emocional. Este se presenta en algunos casos como un paso necesario para lograr abrirse y permitir el florecimiento del nivel espiritual.

En las palabras de Sacha Domenech, psicólogo director del Centro Ayllu, “…el alto potencial vibratorio de estas ‘plantas maestras’ llega a lugares recónditos donde muchas veces es tan difícil llegar por métodos convencionales de terapia. Las plantas nos ayudan a ‘ponerle el cuerpo’ a los procesos internos. La cuestión meramente evocativa y racional no ayuda a producir los cambios, en vez cuando le ponemos el cuerpo a la purga, es posible metabolizar situaciones y circunstancias y solo desde allí es posible una transformación.” (“Tratamiento con plantas maestras en trastornos de inmunodeficiencia”, Sacha Doménech – Psicólogo Argentino. Artículo sin publicar.)

Ventajas sobre los métodos convencionales

En las terapias convencionales se le niega al adicto el valor de su propia búsqueda espiritual a través de la modificación de estados de conciencia. Esto crea un vacío en el adicto, el cual siente que el terapeuta no logra en el fondo conocer el valor de su búsqueda. En cambio, la terapia basada en la inducción controlada de estados modificados de conciencia crea en el adicto una gran confianza hacia el tratamiento, el cual no le está negando el valor de su propia búsqueda sino que le plantea una perspectiva totalmente nueva de experiencias canalizadas, constructivas y enriquecedoras que reconocen la dimensión sagrada y trascendental de la experiencia.

En general el adicto mantiene una sensación de superioridad sobre el terapeuta en cuanto al atrevimiento de auto-exploración de su mundo interior mediante una alteración inducida de la consciencia. No importa si esta fue errada o lo condujo a la autodestrucción, igualmente siente que tuvo el valor de hacerlo y en cambio el terapeuta se mantiene protegido dentro de conceptos racionales y teorías basadas en su experiencia académica.

En cambio, la confianza que el adicto pueda sentir en el terapeuta se incrementa enormemente al sentir que éste viaja a su lado, lo acompaña en las sesiones tomando él mismo la pócima, guiándolo desde adentro y explorando juntos ese universo que va más allá de lo racional.

Por último, bajo la terapia de tratamiento con plantas psicotrópicas, el adicto se vuelve dueño de su propia curación ya que descubre por si mismo donde se produjo la ruptura y encuentra en su propio “maestro interior” el camino hacia una evolución curativa. El terapeuta se mantiene en un papel de acompañante, de protector, de hermano mayor creando las condiciones adecuadas para ofrecer al paciente un espacio seguro para su trabajo evolutivo.

Tratamiento tradicional de “Síndrome de abstinencia”

Dentro del contexto curanderil de la selva norte del Perú existe una práctica ritual utilizada para curar el síndrome de abstinencia en pacientes toxicómanos de la pasta básica de cocaína y otras toxicomanías. El tratamiento fue adoptado por el centro de Rehabilitación de toxicomanías en Tarapoto – Takiwasi dirigido por el doctor Jacques Mabit.

El tratamiento consiste en la ingestión de la savia de una planta denominada Yawar Panga, la cual tiene efectos eméticos muy poderosos, destinados a operar una limpieza profunda del organismo de los participantes. Esta planta resulta muy útil en el tratamiento de todo tipo de intoxicación, particularmente en la primera fase del tratamiento de la adicción a drogas.

El nombre de Yawar Panga está constituido por dos palabras quechuas que significan hoja de sangre y la planta se denomina así porque al cortar su hoja, ésta derrama un líquido rojo. En Loreto se la llama también Shihuango Sacha. La Yawar Panga es una enredadera que pertenece a la familia de las cucurbitáceas; de las hojas de esta planta se extrae el jugo, que se da a beber fresco, sin más preparación, a los pacientes.” (“Ceremonia ritual de la Yawar Panga”, Rony Rengifo Yon – Terapeuta del Centro Takiwasi, Tarapoto. Artículo sin publicar.)

El paciente ingiere tan solo una cucharada de la savia de esta planta y pasa por un trance de vómitos los cuales pueden durar hasta tres horas. Durante este periodo el paciente debe tomar abundante agua para que el efecto emético se produzca en las mejores condiciones. Durante ese periodo pasa por sensaciones de mucho calor y luego mucho frío, tembladera, mareos y palpitaciones, logrando vomitar hasta cerca de 6 litros de agua. Luego de este trance se va a dormir agotado sin comer hasta el día siguiente.

A la mañana siguiente se despierta con una lucidez y sensación de bienestar no experimentada desde mucho tiempo atrás. La ansiedad, el mal humor, la angustia y el malestar físico desaparecen y se siente muy bien. Los pacientes muestran un esclarecimiento de ideas y lucidez mental, el semblante tranquilo y relajado. El alivio es tan palpable que fortalece la motivación del sujeto a seguir adelante.

Pese a su aparatosidad, el vómito no es doloroso y sobreviene con naturalidad. Al término de la ceremonia se toman medidas para suspender el efecto vomitivo si ello no ocurre naturalmente. Una forma muy sencilla es administrar un poco de té de canela con azúcar. El azúcar corta la acción de las plantas depurativas y particularmente de las plantas de sabor amargo.

Este tratamiento permite especialmente desactivar en el toxicómano el síndrome de abstinencia, tanto en sus aspectos físicos como psíquicos (especialmente la angustia)” (“La Yawar Panga”, Julio Arce Hidalgo – curandero. Artículo sin publicar.)

Esta sensación de bienestar puede durar de 24 a 36 horas hasta que nuevamente el síndrome de abstinencia produce en un menor grado sus efectos angustiantes los que llevan al paciente, en muchos casos, a pedir voluntariamente una nueva sesión de Yawar Panga.

En la primera semana se administran cerca de 3 sesiones de Yawar Panga con lo cual se logra vencer totalmente el síndrome de abstinencia en una manera natural. Se trata más bien de una limpieza necesaria y a veces difícil pero finalmente tan apreciada por los pacientes que muchos de ellos, cuando pasan por una crisis o se sienten mal, solicitan espontáneamente una sesión.

A nivel psicológico, el vómito supone una apertura voluntaria del sujeto para “devolver” y la aceptación de encarar ‘el mal’ que esta adentro de si mismo. A diferencia de la evacuación anal vinculada a connotaciones sádicas y dominadoras, la eliminación oral supone humildad, sumisión con confianza hacia el terapeuta. En sí, señala y manifiesta el deseo de ‘agachar la cabeza’ y liberarse de los ‘diablitos’ que uno tiene adentro. El paciente decide ‘devolver’ lo que ha sido incorrectamente ingerido, los alimentos físicos, mentales y espirituales que tragó sin tener la capacidad de digerirlos, metabolizarlos. Con la purificación de la boca es el verbo que se purifica, la palabra y por ende los pensamientos.” (“Ceremonia ritual de la Yawar Panga”, Rony Rengifo Yon.)

Cabe destacar que la utilización de la Yawar Panga no solo está destinada a pacientes toxicómanos sino que, basados en su propiedades eméticas, lo convierten en un excelente medio de depuración, el cual es utilizado para limpiarse de un excesivo consumo de alcohol,luego de haber asimilado muchos medicamentos durante un tratamiento farmacológico convencional, después de una fase de stress intenso o de un período de fiestas donde hubiese habido una sobre ingestión de alimentos pesados.

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